miércoles, 23 de febrero de 2011

Gracias…
Por darle trova accidental a un rock and roll que agonizaba suerte de voz angelical, que puede transmutar el alma. Por dar color a mi sopor para taparme de locura y en cada acorde ese calor, que ha de soldar las armaduras. Por tu fiel versatilidad que puede suscitar pasiones, como también contagiar de fe a los muertos corazones. Por denunciar al ruin traidor que arremetió contra la vida. Pues no hay fusil ni represor que pueda herir a las doctrinas. Por transmitir a viva voz, junto con los de tu calaña, que todo el mundo lleva un dos y atrás un cero en las entrañas. Por todo esto el manifiesto de nuestra eterna gratitud, por esta fiesta de actitud que nos ha vuelto pastilleros. Y aunque te cueste abandonar el manto noble de humildad, que cubre el alma de los grandes, sabe que el rock no olvidara que alguien lucho por su lugar y se llamó Piti Fernández 

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